
Una señora decide hacerse una operación de cirugía estética para celebrar sus cincuenta años.
La señora tiene un buen tipo y lo único que le falta para parecer más joven es un pequeño estiramiento de la piel de la cara.
La operación se lleva a cabo un día antes del cumpleaños y la señora sale del hospital contentísima con su nuevo rostro.
Para comprobar el éxito va a un supermercado a comprar unas cosas y cuando está en la cola pregunta a las mujeres que tiene a su alrededor “¿Qué edad cree que tengo? Una por una las mujeres le van diciendo “Treinta y dos, máximo treinta y cinco” Hay una que incluso le dice que posiblemente veintinueve.
La señora, con gran satisfacción les dice “Hoy es mi cumpleaños, tengo cincuenta”. Todas la felicitan.
De vuelta a casa se detiene a esperar el autobús. En la cola esta ella sola y un señor de unos setenta y cinco años. La mujer no puede resistirlo y le dice al hombre “¿Qué edad cree que tengo?” El hombre le contesta “Mire, señora, me veo muy poco y no lo puedo apreciar. Sin embargo, cuando yo era joven, utilizábamos un método infalible en el pueblo para saber la edad de las mujeres”
La señora, sorprendida, le pregunta “¿Cuál era ese método?”
“Bueno, dice el hombre, solíamos acariciar las tetas de una chica e inmediatamente sabíamos la edad exacta”
La señora queda un poco estupefacta. Sin embargo, la curiosidad puede más, y viendo que no había nadie alrededor le dice “Podría usted hacer una prueba conmigo para ver si acierta la edad?”
“¿Acertar?” dice usted, se la diré exactamente”.
La señora se desabrocha la blusa y el hombre le coge las tetas con las dos manos. Las acaricia durante un tiempo de todas las formas posibles, hasta que al fin la señora, un poco alterada le dice que pare.
“Bien, le dice la señora, ¿cuál es mi edad?
Sin inmutarse el hombre le dice “Hoy cumple usted cincuenta años”
La señora no sale de su asombro. Increíble ¿Cómo lo habrá podido saber?
Incapaz de soportar la angustia que le ocasiona el poder saber como lo ha adivinado, le pregunta al hombre “¿Por favor, podría usted decirme en que se ha basado para saber mi edad?”
“Muy fácil, le dice el hombre, yo también estaba en la cola del supermercado”
**
La señora tiene un buen tipo y lo único que le falta para parecer más joven es un pequeño estiramiento de la piel de la cara.
La operación se lleva a cabo un día antes del cumpleaños y la señora sale del hospital contentísima con su nuevo rostro.
Para comprobar el éxito va a un supermercado a comprar unas cosas y cuando está en la cola pregunta a las mujeres que tiene a su alrededor “¿Qué edad cree que tengo? Una por una las mujeres le van diciendo “Treinta y dos, máximo treinta y cinco” Hay una que incluso le dice que posiblemente veintinueve.
La señora, con gran satisfacción les dice “Hoy es mi cumpleaños, tengo cincuenta”. Todas la felicitan.
De vuelta a casa se detiene a esperar el autobús. En la cola esta ella sola y un señor de unos setenta y cinco años. La mujer no puede resistirlo y le dice al hombre “¿Qué edad cree que tengo?” El hombre le contesta “Mire, señora, me veo muy poco y no lo puedo apreciar. Sin embargo, cuando yo era joven, utilizábamos un método infalible en el pueblo para saber la edad de las mujeres”
La señora, sorprendida, le pregunta “¿Cuál era ese método?”
“Bueno, dice el hombre, solíamos acariciar las tetas de una chica e inmediatamente sabíamos la edad exacta”
La señora queda un poco estupefacta. Sin embargo, la curiosidad puede más, y viendo que no había nadie alrededor le dice “Podría usted hacer una prueba conmigo para ver si acierta la edad?”
“¿Acertar?” dice usted, se la diré exactamente”.
La señora se desabrocha la blusa y el hombre le coge las tetas con las dos manos. Las acaricia durante un tiempo de todas las formas posibles, hasta que al fin la señora, un poco alterada le dice que pare.
“Bien, le dice la señora, ¿cuál es mi edad?
Sin inmutarse el hombre le dice “Hoy cumple usted cincuenta años”
La señora no sale de su asombro. Increíble ¿Cómo lo habrá podido saber?
Incapaz de soportar la angustia que le ocasiona el poder saber como lo ha adivinado, le pregunta al hombre “¿Por favor, podría usted decirme en que se ha basado para saber mi edad?”
“Muy fácil, le dice el hombre, yo también estaba en la cola del supermercado”
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1 comentario:
Este es el que contaste anoche en
mi campo,
está muy bien
pero me sigue gustando más
el del armario y el tren
¿a que si?
el del búlgaro que contó Juanjo
me hizo mucha gracia,
¿qué te pareció la tertulia?
¿o no fue tertulia?
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