miércoles, enero 16, 2008

LO QUE FALTABA

Dos viejecitos charlan una soleada tarde de Otoño. Mientras caminan van comentando entre ellos.

- ¡¡Como ha cambiado nuestro pueblo desde que nosotros éramos jóvenes!! En nuestra juventud no había nada, y ahora hay de todo.

- Bueno, de todo no, algo estaba faltando en el pueblo.

- No tenemos motivo de queja. Creo que somos muy afortunados al vivir aquí. El pueblo es, más o menos, tranquilo. Los que tienen ganas de juerga se pueden ir a Alicante o a Elche.

- Si que es verdad, pero algo estaba faltando en el pueblo.

- ¿Te acuerdas que no había ningún sitio para jugar al fútbol?... ¿Y ahora? Pistas polideportivas cubiertas, piscinas climatizadas... ¿has oído bien? ¡¡piscinas climatizadas!! ... y nosotros nos bañábamos en el canal; la gente se equipa con lo mas caro para jugar a lo que sea; para ir a la sierra, botas de “trecking”, que ya me dirás tu como son esas botas. Si hay dos o tres días seguidos sin trabajar hay alguno que se va a esquiar a Sierra Nevada. Cuando nosotros aún no hemos visto un esquí de verdad.

- Pues si, pero algo estaba faltando en el pueblo.

- ¿Y los bares y restaurantes? ¡Vamos!, nosotros íbamos a casa del “Curro” a beber vino y ya está. No recuerdo si había uno o dos sitios más. Ahora hay un bar en cada calle; restaurantes... ni lo se. Se bebe güisqui. El vino no lo bebe nadie si no es de 50 Euros para arriba el precio de la botella.

- Tienes razón, pero algo estaba faltando en el pueblo.

- ¿Qué me dices de las fiestas. Antes solo Semana Santa, San Cayetano y alguna fiesta de barrio, todo fiestas religiosas. Actualmente, solo el traje del capitán, Cristiano o Moro, vale más que todo el presupuesto para fiestas de cuando tú y yo éramos jóvenes.

- Si, pero algo estaba faltando en el pueblo.

- ¿Te acuerdas de las comunicaciones? Para ir a Alicante tenías que encargar el billete de autobús con uno o dos días de antelación. Ahora todo el mundo tiene coche; hay una autovía que en menos de veinte minutos de plantas en Alicante. ¿Y los teléfonos?; solo habían en las fábricas y en la casa de algún que otro pudiente. Para llamar fuera del pueblo tenías que pedir “conferencia”. Había días que para hablar con Elche te daban cuatro horas de demora. Ahora hasta los niños de párvulos llevan un teléfono portátil en el bolsillo.

- De acuerdo, pero algo estaba faltando en el pueblo.

- ¿Y qué me dices de las mujeres? Antes, cuando tenían treinta y cinco, o menos años, se vestían de negro y si, por ejemplo, se llamaban Concha, pasaban a llamarse “la tía Concha”. Una vez que a una mujer se le había puesto el respetuoso tratamiento de “tía”, esta mujer ya podía estar más buena que Sara Montiel en “El ultimo cuplé”: había perdido todo su erotismo para pasar a ser una simple vieja vestida de negro. Ahora, la mayoría de las mujeres de treinta y cinco años están pensando en casarse o tener el primer hijo. ¿Y los nombres? Antes sólo se llamaban Pepa, María, Antonia, Carmen... ahora: Samanta, Jennifer, Vanesa, Melodi...

- De acuerdo, pero de todas formas algo estaba faltando en el pueblo.

- Pero, ¡coño! ¿por que tanto con que “algo estaba faltando en el pueblo?”... ¿se puede saber que es lo que faltaba en el pueblo?

- Pues, ... ¡si!. Al pueblo le estaba faltando un buen PUTI-CLUB que le diera categoría, distinción, solera, empaque, gracia, estilo, atractivo... con fachada pintada en color morado, con lucecitas de colores y chicas alegres animando el cotarro. Eso es lo que estaba faltando; no lo tuvimos en nuestra juventud, pero... ¡¡por fin!!... lo tenemos ahora.

- Tienes razón: ¡¡Algo estaba faltando en el pueblo!!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pobrecitos
les ha llegado algo tarde
el puticlub,
bueno, supongo que irán a mirar ¿no?