lunes, enero 14, 2008

TANATORIOS Y CREMATORIOS


Basado en un hecho real contemplado en un tanatorio-crematorio

***

Caye y Tano acuden a un tanatorio-crematorio para recoger las cenizas de un amigo fallecido unos días antes. La reciente viuda les ha hecho el encargo a ellos, pues ella no se encuentra aún en condiciones de realizar este trámite doloroso.

Los dos amigos, una vez dentro del lujoso vestíbulo del establecimiento, más propio de un hotel de cinco estrellas que del recinto a cuyo uso está destinado, se dirigen al mostrador de recepción.

La persona encargada de atenderles es una bellísima joven, rubia, ojos azules, alta, espigada y culo respingón. Ataviada con un pantalón ajustadísimo que marca de forma inequívoca un minúsculo tanga y una camiseta modelo “palabra de honor” que le hace resaltar, de forma increíble, el generoso busto.

Ante esta prometedora visión, el motivo de la visita y el recuerdo del amigo han desaparecido completamente.

Caye.- Oye, guapa, un güisqui con hielo para mi y otro para mi amigo. Tú, tómate lo que quieras que lo pagamos nosotros. Pon música y baja la luz, por favor. Con música de fondo y a media luz se habla más íntimamente. Y vete preparando que después vamos tú y yo a un reservado.

Joven.- Pero oigan... ¿Qué se han creído ustedes? ¿Qué modales son esos? ¿Olvidan donde están?

Caye.- ¡Hostias, Tano! ¡La cagamos! Este ambiente nos ha engañado ¿Quién diría que esto es un tanatorio? Parece otra cosa.

Tano.- Disculpe, señorita. Todavía estamos impresionados por sus tetas… perdón, por la pérdida de nuestro amigo y no sabemos muy bien lo que decimos, ni lo que vemos. Bueno, esto último si que lo vemos bien. Disculpe de nuevo.

Joven.- No tiene importancia. Estoy acostumbrada al dolor de la gente. Si supieran ustedes la cantidad de hombres, hechos y derechos, que lloran como niños sobre mi hombro.

Caye.- No nos cabe la menor duda. Antes de irnos nos hará usted el favor de dejarnos llorar un rato. No sabe lo que aliviaría nuestro dolor poder apoyar nuestra cabeza en su pecho… digo, en su hombro.

Joven.- Bien, después hablamos de eso ¿Qué desean?

Tano.- Verá usted, nuestro amigo falleció hace dos días y trajeron su cuerpo para incinerarlo. Venimos a recoger la urna con las cenizas. Su viuda quiere evitar este trance y nos lo ha encargado a nosotros, que fuimos sus mejores amigos.

Joven.- ¡Ah, la amistad! Ahora ya no quedan amigos como ustedes que le guardan un bello recuerdo hasta después de la muerte y lo demuestran viniendo a recoger sus cenizas. Pocos casos se ven como este. Ya quisiera yo tener amigos como ustedes.

Caye.- A partir de ahora considérenos como tales. Caye y Tano, para lo que desee.

Joven.- Muchas gracias. Bueno, vayamos a lo que nos ocupa ¿Cómo se llamaba su amigo?

Tano.- Paco Canuto Redondo.

Joven.- Bonito nombre tenía. Esperen un momento que saco la urna enseguida.

Se dirige a un mueble bajo y se agacha para recoger la urna. En esta postura deja ver holgadamente el tanga color rosa que usa como ropa interior.

Joven.- Aquí está. Bueno, no es por nada, pero…

Caye.- Pero… ¿qué?

Joven.- Pues... que esta urna es la que entra en el seguro y ya ven que es una urna feísima, no es de diseño, es de plástico y el color es demasiado fúnebre. En fin… una birria ¿Tan poco quería la viuda a su marido para escoger una urna como esta? Y ustedes ¿como consienten que las cenizas de su amigo reposen en esto? ¡Por Dios!

Tano.- Puede que tenga usted razón, pero, verá, nosotros somos unos mandados que no pintamos nada en este entierro.

Joven.- ¡Muy bonito! Son amigos durante toda la vida ¡que a saber que habrán hecho ustedes tres juntos! ¿eh? pillines. Y ahora, cuando llega la hora de la verdad, cuando hay que demostrar la amistad, dejan al amigo en una urna de plástico ¡Olé! Esto no lo he visto yo nunca. Hay que ver que cara más dura tienen algunos.

Caye.- La verdad es que no lo habíamos pensado. Tano ¿a ti que te parece que debemos hacer?

Tano.- No sé ¿Usted qué nos propone señorita?

Joven.- ¡Así me gusta! Ya sabía yo que ustedes no abandonarían a su amigo en una vulgar urna como esta. Vamos a ver… déjenme pensar ¡Ya está! ¿Qué destino le van a dar a la urna?

Caye.- Pues, no sé. La viuda tiene dudas entre arrojar las cenizas al mar, a la montaña o dejar la urna en casa.

Joven.- Bien, ya nos vamos aclarando. Ya tenemos marcados los objetivos que nos van a ayudar a conseguir lo mejor para su amigo.

Tano.- ¿Qué nos ofrece usted?

Joven.- Vamos a ver. Primero, el mar. Es lo más romántico. El 74,3% de nuestros clientes prefiere el mar. Como está cerca, sale barato. Además, para este menester tenemos una urna ecológica que al contacto con el agua se deshace. En pocos minutos las cenizas se mezclan con el agua y su amigo pasa a formar parte de la cadena de la vida. Por supuesto que esta urna tiene un precio más elevado. Pero su amigo Paco se merece lo mejor. Sin contar con que está homologada por el Ministerio de Sanidad y Medio Ambiente. Todo controlado.

Caye.- Oiga, joven, que bien se explica usted.

Joven.- Pues aún no se lo he dicho todo. En este servicio disponemos de una banda de música que durante el trayecto hasta el punto donde se arrojan las cenizas va interpretando piezas musicales a gusto del difunto o de los asistentes. El repertorio de la banda incluye pasodobles, tangos, valses, rock… de todo. En el momento supremo de lanzar la urna al agua siempre interpretan algo serio. Aunque algunos han preferido que la banda toque “La Raspa” Hay gustos para todo. El barco puede ser a vela o a motor. A elegir. Tenemos de todo.

Tano.- Caye, acuérdate que Paco no sabía nadar, y que una vez que fuimos los tres a Benidorm se pasó la mañana en la terraza de un bar contemplando a las chicas en “top less” ¿Tú crees que a Paco le gustará el agua?

Caye.- No creo. La montaña tampoco le tiraba mucho. No iba a la sierra ni para comer una paella. Vamos a ver más cosas. Siga, por favor, señorita.

Joven.- Lo que les voy a ofrecer ahora forma parte de nuestro programa “Cenizas al viento” ¿Qué les parece el nombre? No puede ser más prometedor.

Tano.- Si que lo es ¿En que consiste exactamente eso?

Joven.- Prepárense, porque este servicio es exclusivo nuestro. Si el difunto quiere que sus cenizas se esparzan por una montaña de difícil acceso, disponemos de aviones y hasta de un globo para ello ¿Hay algo más hermoso que ver las cenizas del ser querido volver a la Madre Tierra, donde pertenece, desde lo alto de un globo o desde un avión? Nada, sinceramente, nada.

Caye.- ¿Qué más nos puede ofrecer?

Tano.- ¡Coño! Caye ¿tú quieres oír más?

Caye.- Yo, no. Yo lo que quiero es estar aquí viéndole el escote a la joven esta y ver si se inclina otra vez para verle el tanga. Paco puede esperar.

Joven.- Lo que les voy a ofrecer a continuación es sólo para gente con gusto exquisito. Les ofrezco un cuadro al óleo. Si. Un cuadro al óleo con el retrato de su amigo. Un artista de nuestra confianza pinta un maravilloso cuadro que ponemos sobre un marco con fondo. En el fondo del marco depositamos las cenizas del finado. El cuadro se cuelga en el salón de la casa y es como si el difunto estuviera siempre con nosotros, contemplándonos ¿Qué les parece la idea?

Tano.- ¡Terrorífica! Digo…magnífica, oiga. Bueno, esto ya será lo último ¿verdad?

Joven.- ¿Lo último? Ja, ja. Ahora viene lo mejor. Aunque esto sólo es digno de personas cuya sensibilidad, afecto y gozo esté absolutamente fuera de lo normal. Para esa poca gente con un gusto extraordinario por lo sublime.

Caye.- Continúe, por favor, no puedo esperar más. Me tiene en ascuas ¿Qué será?

Joven.- Prepárese para oír lo inesperado: Una empresa americana, con base en Houston, a la que le enviamos las cenizas por correo urgente y certificado, se encarga de ponerlas en unas enormes prensas especiales movidas por ingenios nucleares, que alcanzan una fuerza extraordinaria. Después de aguantar presiones de cientos de miles de kilos durante un mes, las cenizas quedan convertidas en un diamante. Lo que oyen… ¡un diamante! Este diamante se engarza sobre una montura de oro macizo y la joya resultante es la envidia de todas las amistades y conocidos. La viuda podrá presumir ahora más de su marido que en vida ¿Qué les parece?

Caye.- Genial, pero mire, de momento ya tenemos bastante. Le llevaremos la urna tal como está a la viuda y le informaremos de lo que nos ha contado y tenga usted la seguridad de que para cualquier cosa que necesite nos enviará a nosotros a resolverla.

Tano.- Si volvemos le avisaremos con tiempo para que se ponga usted la camiseta que lleva hoy.

Caye.- Y el tanga también ¿eh?

FIN

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