
Caye y Tano siempre disfrutan con sus charlas, comentarios y tertulias a pie de bar. Sin embargo, y muy a su pesar, últimamente sólo tienen un tema de debate: la crisis. A ellos debería importarles poco, pues ambos están jubilados. No obstante, no pueden evitar sentirse contagiados por el ambiente que les rodea y casi siempre están hablando de ello.
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Tano.- Caye, con todo lo que hemos visto tú y yo en nuestra vida laboral, creo que esto es lo peor por lo que hemos pasado. No veo la salida por ningún sitio. Antes, las crisis eran sectoriales. Ahora, no. No hablo con nadie que me diga que le van bien las cosas. Las fábricas cierran por centenares todos los días. Las empresas de servicios ofrecen descuentos tan enormes que les impiden tener beneficios. Hasta los puticlubs han rebajado los precios.
Caye.- Tano, no te preocupes mucho. Acabo de oír por la radio a un ministro que ha dicho que a fin de año empezaremos a levantar cabeza.
T.- ¿De qué año?
C.- Bueno, eso no lo ha especificado. Supongo que será éste.
T.- Debe haberlo dicho uno de esos ministros nuevos, recién salido de una comilona y que aún no se le ha despejado la cabeza.
C.- Yo estoy cada vez más intranquilo. Tú y yo hemos estado trabajando y cotizando toda nuestra vida. Entre los dos hemos cotizado más de ochenta años. Ahora que deberíamos empezar a disfrutar nuestra jubilación, veo nuestras pensiones en peligro.
T.- ¡Por Dios, Caye! No seas pesimista. Por muy mal que vayan las cosas, no podrán llegar ahí ¡Eso faltaba! Eso no ha ocurrido jamás en toda la historia de España.
C.- De España puede que no. Pero ha ocurrido en otros países y está ocurriendo ahora mismo en países que parecían más solventes y ricos que el nuestro.
T.- Si ocurre eso aquí, se va a armar una gorda. Yo…
C.- Tú ¿Qué?
T.- Bueno, pues… no sé. Me tiraría a la calle.
C.- ¿A qué?
T.- ¡Pues a gritar! A que va a ser.
C.- Eso es lo que quieren. Tú gritas. Te desahogas. Te vas a casa. Te acuestas… y ya está. Al día siguiente continuarás tu vida. Con menos ingresos, eso es cierto, pero no podrás hacer nada más que ejercer tu derecho al pataleo y al voto cuando llegue el día.
T.- ¿Hay alguna otra solución para nosotros?
C.- En otros países se puede pedir cita y hablar con tu representante parlamentario personalmente, pero aquí en España los políticos se han blindado y no hay quien se acerque a ellos.
T.- Pero se les podrá escribir ¿verdad?
C.- Y no te contestarán. Dicen que tienen mucho trabajo que hacer. No tienes más que ver una sesión normal del parlamento y comprobar que no hay casi nadie en la cámara. Todos están en el bar.
T.- Pero, entonces ¿Quién va a sacarnos de la crisis ésta?
C.- De ésta no nos saca nadie. Esto es el principio del fin. Fíjate en un detalle ¿conoces alguien que esté trabajando?
T.- Claro que sí. Mi cuñado; trabaja; dos amigos que tengo, también trabajan; una prima de mi mujer, también…
C.- ¿En qué trabajan?
T.- Mi cuñado, es maestro; uno de los dos amigos, es militar, el otro, policía municipal; la prima de mi mujer está empleada en un juzgado.
C.- ¿Lo ves? Todos son funcionarios. Estos, aunque necesarios para el funcionamiento del país, no producen nada. Su sueldo lo tienen que pagar los que producen algo. Incluso a ti y a mí también nos lo tienen que pagar los productores. Una vez aclarado esto te repito la pregunta, pero esta vez más detallada ¿Conoces a alguien que esté trabajando en una empresa privada de producción?
T.- Bueno. La verdad… en estos momentos, ni a uno.
C.- Otra pregunta ¿Conoces a alguien que haya perdido el empleo últimamente?
T.- La tira de gente.
C.- Entonces, hazte la pregunta tú mismo ¿De dónde se sacarán los fondos para mantener los gastos del estado?
T.- Ni idea.
C.- Hay un economista de gran prestigio, cuyo nombre no seré capaz de recordar, que dice que tiene la fórmula mágica para salir de esta situación.
T.- ¿La sabes?
C.- Es muy sencilla. Se trata de aplicar el número mágico a todo.
T.- ¿Cuál es ese número? Dímelo pronto.
C.- El cincuenta.
T.- ¿El cincuenta?
C.- Pues, sí. Mira como se aplica este número. Reducción del 50% del sueldo a todos los trabajadores, políticos y funcionarios de todo tipo incluidos.
T. Eso no lo permitirá nadie.
C.- Reducción de funcionarios al 50%. Reducción de políticos al 50%, o más. Total, para lo que hacen estos últimos.
T.- Con esto estoy de acuerdo.
C.- Espera que aún hay más. Reducción del 50% de los coches oficiales. Reducción de la corrupción al 50%. Debería ser al 0%, pero con esto ya se notaría.
T.- ¡Magnífico! Esto lleva buen camino.
C.- Aumento del trabajo para todos, funcionaros y políticos incluidos, en un 50%, con la reducción del sueldo al 50% que les ha quedado.
T.- ¡Hostias, Caye! Menos mal que tú y yo estamos jubilados.
C.- Sí, pero a nosotros nos reducirían la pensión en un 50% y además nos dirán, con toda la diplomacia y discreción que son capaces, que nos muramos lo más pronto posible.
T.- ¡Alto! Por ahí no paso.
C.- Si quieres, no pases. Pero, cuando nos lo impongan, no nos quedará otro remedio que pasar por ahí o emigrar a un país donde la vida sea más barata que aquí. Que es, ni más ni menos, lo que han hecho todos los ingleses y alemanes que se han venido a vivir aquí.
T.- Hay días que mejor sería no levantarse para no enterarse de lo que pasa.
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Tano.- Caye, con todo lo que hemos visto tú y yo en nuestra vida laboral, creo que esto es lo peor por lo que hemos pasado. No veo la salida por ningún sitio. Antes, las crisis eran sectoriales. Ahora, no. No hablo con nadie que me diga que le van bien las cosas. Las fábricas cierran por centenares todos los días. Las empresas de servicios ofrecen descuentos tan enormes que les impiden tener beneficios. Hasta los puticlubs han rebajado los precios.
Caye.- Tano, no te preocupes mucho. Acabo de oír por la radio a un ministro que ha dicho que a fin de año empezaremos a levantar cabeza.
T.- ¿De qué año?
C.- Bueno, eso no lo ha especificado. Supongo que será éste.
T.- Debe haberlo dicho uno de esos ministros nuevos, recién salido de una comilona y que aún no se le ha despejado la cabeza.
C.- Yo estoy cada vez más intranquilo. Tú y yo hemos estado trabajando y cotizando toda nuestra vida. Entre los dos hemos cotizado más de ochenta años. Ahora que deberíamos empezar a disfrutar nuestra jubilación, veo nuestras pensiones en peligro.
T.- ¡Por Dios, Caye! No seas pesimista. Por muy mal que vayan las cosas, no podrán llegar ahí ¡Eso faltaba! Eso no ha ocurrido jamás en toda la historia de España.
C.- De España puede que no. Pero ha ocurrido en otros países y está ocurriendo ahora mismo en países que parecían más solventes y ricos que el nuestro.
T.- Si ocurre eso aquí, se va a armar una gorda. Yo…
C.- Tú ¿Qué?
T.- Bueno, pues… no sé. Me tiraría a la calle.
C.- ¿A qué?
T.- ¡Pues a gritar! A que va a ser.
C.- Eso es lo que quieren. Tú gritas. Te desahogas. Te vas a casa. Te acuestas… y ya está. Al día siguiente continuarás tu vida. Con menos ingresos, eso es cierto, pero no podrás hacer nada más que ejercer tu derecho al pataleo y al voto cuando llegue el día.
T.- ¿Hay alguna otra solución para nosotros?
C.- En otros países se puede pedir cita y hablar con tu representante parlamentario personalmente, pero aquí en España los políticos se han blindado y no hay quien se acerque a ellos.
T.- Pero se les podrá escribir ¿verdad?
C.- Y no te contestarán. Dicen que tienen mucho trabajo que hacer. No tienes más que ver una sesión normal del parlamento y comprobar que no hay casi nadie en la cámara. Todos están en el bar.
T.- Pero, entonces ¿Quién va a sacarnos de la crisis ésta?
C.- De ésta no nos saca nadie. Esto es el principio del fin. Fíjate en un detalle ¿conoces alguien que esté trabajando?
T.- Claro que sí. Mi cuñado; trabaja; dos amigos que tengo, también trabajan; una prima de mi mujer, también…
C.- ¿En qué trabajan?
T.- Mi cuñado, es maestro; uno de los dos amigos, es militar, el otro, policía municipal; la prima de mi mujer está empleada en un juzgado.
C.- ¿Lo ves? Todos son funcionarios. Estos, aunque necesarios para el funcionamiento del país, no producen nada. Su sueldo lo tienen que pagar los que producen algo. Incluso a ti y a mí también nos lo tienen que pagar los productores. Una vez aclarado esto te repito la pregunta, pero esta vez más detallada ¿Conoces a alguien que esté trabajando en una empresa privada de producción?
T.- Bueno. La verdad… en estos momentos, ni a uno.
C.- Otra pregunta ¿Conoces a alguien que haya perdido el empleo últimamente?
T.- La tira de gente.
C.- Entonces, hazte la pregunta tú mismo ¿De dónde se sacarán los fondos para mantener los gastos del estado?
T.- Ni idea.
C.- Hay un economista de gran prestigio, cuyo nombre no seré capaz de recordar, que dice que tiene la fórmula mágica para salir de esta situación.
T.- ¿La sabes?
C.- Es muy sencilla. Se trata de aplicar el número mágico a todo.
T.- ¿Cuál es ese número? Dímelo pronto.
C.- El cincuenta.
T.- ¿El cincuenta?
C.- Pues, sí. Mira como se aplica este número. Reducción del 50% del sueldo a todos los trabajadores, políticos y funcionarios de todo tipo incluidos.
T. Eso no lo permitirá nadie.
C.- Reducción de funcionarios al 50%. Reducción de políticos al 50%, o más. Total, para lo que hacen estos últimos.
T.- Con esto estoy de acuerdo.
C.- Espera que aún hay más. Reducción del 50% de los coches oficiales. Reducción de la corrupción al 50%. Debería ser al 0%, pero con esto ya se notaría.
T.- ¡Magnífico! Esto lleva buen camino.
C.- Aumento del trabajo para todos, funcionaros y políticos incluidos, en un 50%, con la reducción del sueldo al 50% que les ha quedado.
T.- ¡Hostias, Caye! Menos mal que tú y yo estamos jubilados.
C.- Sí, pero a nosotros nos reducirían la pensión en un 50% y además nos dirán, con toda la diplomacia y discreción que son capaces, que nos muramos lo más pronto posible.
T.- ¡Alto! Por ahí no paso.
C.- Si quieres, no pases. Pero, cuando nos lo impongan, no nos quedará otro remedio que pasar por ahí o emigrar a un país donde la vida sea más barata que aquí. Que es, ni más ni menos, lo que han hecho todos los ingleses y alemanes que se han venido a vivir aquí.
T.- Hay días que mejor sería no levantarse para no enterarse de lo que pasa.

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