miércoles, mayo 21, 2008

EL CARNÉ


Hechos contemplados durante la renovación del Documento Nacional de Identidad.

***
La emisión y renovación del D.N.I. debería ser un acto que reuniera toda serie de facilidades al ciudadano interesado. No digo que se le ofrezca un buen sillón, revistas y prensa del día durante el tiempo de espera para este trámite, pero sí que debería tener una mayor agilidad en cuanto a protocolo y funcionarios que toman parte en el mismo. Vean lo que normalmente ocurre.

***
El D.N.I. es un documento que se renueva cada 10 años. Desde la última vez que se ha hecho la renovación pueden haber cambiado los trámites, así es que se empieza por preguntar a los amigos y conocidos si saben como funciona esto ahora.

Aquí llegan las primeras sorpresas. Te dicen que ahora viene al pueblo el equipo policial que se encarga de este trabajo, por lo que no es necesario desplazarse. Bien. Sigo preguntando y me dicen que debo ir al Ayuntamiento a pedir número para el turno. Mejor. Las cosas así de organizadas me gustan.

Acudo al día siguiente al Ayuntamiento. Primera sorpresa. El equipo no viene hasta primeros de mes, por lo tanto no me pueden dar el número hasta un día antes ¿Cómo es posible, tanto cuesta dar los números durante el mes anterior?

Segunda sorpresa. Comento este hecho y me dicen que esto funciona así, pero que además tengo que estar a la puerta del Ayuntamiento a las 6 de la mañana, porque si no se acaban los números y no podré renovar el carné. Además, me advierten, que suele haber una gran aglomeración de gente esperando para recogerlo y para esta cola no dan cita.

Como el carné no se caduca hasta dentro de 4 meses, decido darme una vuelta por el Ayuntamiento el día que dan los números sobre las 9 de la mañana. Sorpresa agradable. Como está lloviendo no ha venido casi nadie a sacar el dichoso número, por lo que lo he podido conseguir sin hacer cola. Bien es cierto que me ha tocado un número alto, pero bonito, el 69, ahí es “ná”. Ahora a esperar a mañana.

Me dicen en el Ayuntamiento que con este número debo ir a las 10 de la mañana. Posiblemente mi turno será sobre esa hora. Bien.

Día de renovar el carné. Me presento en el salón habilitado para ello en una de las antiguas clases del edificio del anterior Colegio Primo de Rivera. Allí, sentados en sillas frente a los policías que se encargan de la renovación, deben estar los 68 que tengo delante de mí y muchos más.

Como no hay una señal que diga el número que están atendiendo y quién va detrás, no me queda más remedio que preguntar a gritos quien es el 68. Nadie responde. Bajo al 67. Silencio. Al 66, 65, 64, etc. etc. Así hasta el 55 que pertenece a una señora mayor que va acompañada por su nieta. “Detrás de usted voy, señora”. “Vale, tío” es la respuesta de la nieta.

Espero pacientemente. Empieza a llegar más gente. Vocean “Quién lleva el 50” “Aquí, yo” Le responden ¡Coño! Pienso. Otro más que tengo delante. Podría habérsele hecho tarde. Llegan más retrasados. Todos van delante de mí. Esto se está atrasando. Vamos a ver si se dan prisa, cogen ritmo y esto va de corrido.

Las 11. De pronto los cuatro policías que componen el equipo se levantan como un solo hombre “¡Señores, nos vamos a tomar el cafetillo!”

Murmullos de desaprobación.

“Pero, ¿es que ustedes no comen? Pues, nosotros sí. Así que, hala, a esperar. Buenos somos nosotros para perdonar la media horita del café. Hasta luego.” Se van con toda la tranquilidad del mundo.

Salgo a comprar la prensa. Cuando vuelvo hay mucha más gente que no estaba antes. Pregunto si ha llegado alguien entre la señora y yo. Mala suerte. Han llegado todos. Media hora, o más, de espera añadida.

Vuelven sonrientes y satisfechos. “Señores, el siguiente”

Por el equipo, que más parece un tribunal de la Inquisición, van pasando de uno en uno los sufridos renovadores del carné. El equipo trabaja en cadena. Al primer miembro se le da el documento viejo. El segundo comprueba los datos y recoge las fotos. El tercero se encarga de la firma y de la huella dactilar. El cuarto cobra la tasa, 5 euros, y da el resguardo.

Las 13,15 horas ¡Por fin! Mi turno. Me pongo en la fila. El que va delante de mí está siendo amonestado por el policía. Se le ha caducado el carné. “Hostias macho - le dice - esto te va a costar 5 euros de penalización más los 5 que cuesta la renovación. Total 10 euros. A pagar y a callar. El siguiente”.

Paso yo. Entrego el carné antiguo y cuando iba a pasar al siguiente policía me llaman. “Oiga, este carné tiene todavía 4 meses más de vigencia. No lo puede renovar hasta dentro de 3 meses ¿Para qué lo quiere renovar ahora, para darnos más trabajo a nosotros? Pues sepa que si no nos da una buena excusa tiene que volver otro día. Con una buena justificación sólo tendrá que pagar el recargo de 5 euros por no llegar a la fecha y 5 por la renovación”

A bote pronto no se me ocurre nada. Pienso decirle que voy a ir representando a España a los Juegos Olímpicos de Pekín como levantador de peso. Pero después de echarme un vistazo a mi mismo creo que no lo creerá. Así que para que me dejen renovarlo y evitar otra espera de 3 horas otro día, le suelto “Es que he hecho promesa de hacer el Camino de Santiago a la pata coja. Salgo el mes que viene y no sé cuando volveré”

“Bueno, se admite la justificación. Pondremos en el apartado que se acepta por motivos religiosos”

¡Qué suerte! Me he librado de volver otro día. Respiro hondo.

Cuando aún no han acabado de tramitar mi documento oigo que al que va detrás de mí le dicen “Bueno, pues si ha perdido el carné no le cobramos nada” Pase que se le renovará si pagar ni un simple euro”.

Pero, bueno, esto de renovar el D.N.I. debe ser algo así como el juego del siete y medio. Si no llegas, es malo; si te pasas, es peor. Sin embargo, si eres un descuidado con los documentos públicos y los pierdes no pasa nada ¿Lo entienden?

**

No hay comentarios: