
Interior de una tienda moderna de ropa de confección. Una dependienta de unos dieciocho o veinte años atendiendo a un joven que se está probando una cazadora. Música ambiente con ritmo de “bacalao” a todo volumen.
(Entra una pareja mayor. El hombre, Paco, de unos setenta años. Antiguo profesor de ética y protocolo. La mujer, Carmen, hija de diplomático y educada en los mejores colegios de Inglaterra. Ambos trabajaron en equipo como asesores de ética, protocolo y buenos maneras en varios gobiernos españoles. Desde la dictadura hasta el gobierno socialista.)
Carmen: Aquí deben de tener el pantalón y la chaqueta que te hacen falta.
Paco: No sé. Me parece un poco moderna esta tienda. La música es de la que no entiendo.
Carmen: Paco, ¡no la oigas! No esperarás que tengan “España Cañí”.
Paco: No. No es eso. Lo que ocurre es que no se si esto es una tienda de ropa o una discoteca.
Carmen: Ahora la música ambiental está en todos los sitios. Hasta en los bancos. Y fíjate si eran serios antes.
Paco: Si, ya sé. Bueno, lo aguantaremos
(Se acerca a ellos la dependienta)
Dependienta: (En tono de conocerlos de toda la vida) ¡Hola! Soy Pirula ¿Como estáis? ¿Va todo bien? Me alegro. En seguida estoy con vosotros tíos. Acabo con este chorbo y vengo.
Paco: ¿Has visto? Si no nos conoce de nada. ¿Cómo es que nos tutea y nos llama tíos?
Carmen: ¡Paco! Por favor olvida que has sido profesor de ética y protocolo. Siempre me estás prometiendo que no tomarás en serio lo que oigas. Sea lo que sea. Los tiempos han cambiado y tú debes de adaptarte a ellos o volver a nuestra casita en el pueblo cántabro.
Paco: Eso quisiera. Pero soy de los de genio y figura hasta la sepultura. Hay cosas que aún me sublevan. La culpa la tienen estos maestros de ahora que ya desde el parvulario incitan a los niños a que les tuteen.
Carmen: Puede que tengas razón. Pero nosotros no lo vamos a arreglar. A mí, el que me tutee la gente de esta generación, me hace sentirme mas joven.
Paco: Ya lo sé. Si a mí el tuteo del más joven al más viejo, o del obrero al director general de la empresa, no me parece del todo mal. Pero eso de llamarnos tíos... a mí que me han tratado de usted y llamado señor muchos ministros, varios presidentes de gobierno, generales y… ¡hasta miembros de varias casas reales! ... me hace sentirme un poco extraño el que una jovencita, de la que además somos sus clientes, y podríamos ser sus abuelos, me trate de tío y que a otro cliente, por muy joven que sea, le llame chorbo.
Carmen: Ten en cuenta que esta pobre chica no ha tenido la suerte de asistir a tus clases y habrá venido directamente de la E.G.B. a este trabajo. Además el tratamiento va evolucionando. Es como el idioma. Acuérdate del cabreo que cogiste cuando La Real Academia de la Lengua aprobó la palabra gilipolla. Te tiraste dos días en cama.
Paco: No me lo recuerdes. Bueno, esta chica, al fin y al cabo, tiene disculpa. Pero, ¿y los licenciados y doctorados? Siguen el mismo camino. Además del tuteo no saben comportarse en situaciones donde se exige un poco de protocolo. Acuérdate de lo que le ocurrió a aquel joven ingeniero que contrató una empresa estadounidense cuando le presentaron a la esposa del presidente de la compañía.
Carmen: Bueno, pero aquello, en el fondo, le sirvió al chico para escalar puestos en la compañía.
Paco: Porque la señora era como era. Que si no... ¡vamos que no dura en la empresa ni un día!
Carmen: Pero el chico también pasó un mal trago. No sabía si debía estrecharle la mano, besársela, hacer una genuflexión o una reverencia...
Paco: Pero hizo lo peor ¡Le pegó un cachete en el culo! Menos mal que el marido no lo advirtió.
Carmen: Y gracias al cachete, al despiste del marido y a lo que vino después, hoy es consejero de la firma y está muy bien considerado.
(La dependienta despide al joven y se acerca a ellos)
Dependienta: ¡Hola tíos! Ya estoy con vosotros ¡Ah! ¿Como os llamáis?
Paco: Yo soy Francisco y ella es Carmen, mi mujer.
Dependienta: ¡Hola Paco! ¡Hola Carmen! Yo soy Pirula. Lo he dicho antes ¿verdad? ¿Qué os trae de bueno por aquí?
Carmen: Verá usted señorita Pirula, mi marido y yo vamos a pasar unos días fuera y no tenemos la ropa adecuada. Quisiera ver un pantalón y una chaqueta de verano para él.
Paco: Tejido de algodón, colores claros y diseño clásico.
Dependienta: Paco. Tengo exactamente lo que buscas. Te lo traigo y te lo pruebas.
(Se acerca a unas perchas y saca un montón de ropa completamente arrugada. Se lo entrega a Paco)
Dependienta: Pasa a este probador Paco. Cuando salgas no te va a conocer ni la madre que te parió. Avísame cuando te hayas cambiado tío.
(Desaparece por una puerta)
Carmen: ¡Paco! ¿Estás oyendo a esta chica?
Paco: La oigo, Carmen. La oigo. ¿No será esto la evolución del tratamiento de que me hablabas antes?
Carmen: ¡¡Qué evolución... ni que narices!! Esto es un claro retroceso. A este paso... ¿a dónde vamos a parar?
Paco: Calma, Carmen, calma. Voy a probarme esto y salimos de aquí en seguida.
(Entra en el probador y está unos minutos mientras Carmen ojea lo expuesto. Sale Paco con un pantalón tan ancho como el de un gaucho a rayas verdes y rojas. Una chaqueta tan corta como un chaleco y tan estrecha como la taleguilla de un torero y en colores naranja y azul)
Carmen: (Cuando se da cuenta de que es su marido)¡¡¡Aaaah!!! ¿Qué es esto? ¡¡Paco!! ¿Qué te has puesto?
Paco: No sé. No hay luz en el probador.
Carmen: Entra otra vez. ¡Rápido! ¡Qué no te vea nadie! ¡Dios mío!
(Entra la dependienta y se dirige hacia Paco con la mayor normalidad antes de que vuelva a entrar en el probador)
Dependienta: Paco, ¡te para de puta madre! Las tías se van a tirar a tu paso. Vaya tipazo que tienes tío. Endereza la espalda (le da unos golpecitos en ella) y pareces Harrison Ford.
Carmen: (Reponiéndose del impacto sufrido) Verá usted señorita, los tonos no nos parecen los mas adecuados para el ambiente que hay en esta época del año en Santander. Si fuera Benidorm... bueno, quizás...lo pensaríamos. Pero comprenda usted que Santander es una capital de provincia y no están allí preparados para estos tonos de color. Están todavía un poco anticuados.
Paco: (Tratando de utilizar toda su diplomacia) Además el pantalón me parece un poco ancho.
Dependienta: Ah, pillín. Que a ti lo que te gusta es marcar paquete. Ya decía yo, vaya, vaya con Paco. Venga coge otro del montón que te he dejado dentro y pruébatelo.
Carmen: ¡¡Paco!! ¿De dónde ha salido esta chica? A mí me da algo. (Se abanica con un folleto encontrado encima de un mostrador)
Paco: Carmen, tranquilízate. Piensa en tu azúcar, en la tensión, en el colesterol. Tranquila, Carmen, tranquila. Hemos conocido gente peor.
Carmen: Sí, pero siempre en países que estaban en guerra.
(Se mete otra vez en el probador)
Dependienta: Si este que se va a probar no te gusta es porque ya estás en la menopausia, tía He visto a mujeres correrse de gusto cuando han visto a sus maridos con esta ropa.
Carmen: (Se deja caer en un sillón. Se abanica unos segundos y suelta una especie de resuello) Aaaauuuh....(Queda inconsciente)
Paco: (Saliendo del probador con la ropa que entró a la tienda. Ve a su mujer desmayada y va corriendo hacia ella) ¡¡Carmen!! ¿Qué te ocurre? ¡¡Carmen!! ¡¡Carmen!!
Carmen:(Moviendo ligeramente la cabeza. Da un pequeño suspiro y habla con voz trémula) Paa...coo. Saa..caa...mee dee aquííí .
Paco: ¡Carmen! ¿Qué te pasa...? ¿Una subida de azúcar? ¿Una subida de tensión? ... ¿Qué es?
Carmen: (Con voz un poco más audible) No, Paco... no ha subido la tensión... no ha subido el azúcar...no ha subido el colesterol...¡¡Han bajado los buenos modales y el buen gusto!!
(Entra una pareja mayor. El hombre, Paco, de unos setenta años. Antiguo profesor de ética y protocolo. La mujer, Carmen, hija de diplomático y educada en los mejores colegios de Inglaterra. Ambos trabajaron en equipo como asesores de ética, protocolo y buenos maneras en varios gobiernos españoles. Desde la dictadura hasta el gobierno socialista.)
Carmen: Aquí deben de tener el pantalón y la chaqueta que te hacen falta.
Paco: No sé. Me parece un poco moderna esta tienda. La música es de la que no entiendo.
Carmen: Paco, ¡no la oigas! No esperarás que tengan “España Cañí”.
Paco: No. No es eso. Lo que ocurre es que no se si esto es una tienda de ropa o una discoteca.
Carmen: Ahora la música ambiental está en todos los sitios. Hasta en los bancos. Y fíjate si eran serios antes.
Paco: Si, ya sé. Bueno, lo aguantaremos
(Se acerca a ellos la dependienta)
Dependienta: (En tono de conocerlos de toda la vida) ¡Hola! Soy Pirula ¿Como estáis? ¿Va todo bien? Me alegro. En seguida estoy con vosotros tíos. Acabo con este chorbo y vengo.
Paco: ¿Has visto? Si no nos conoce de nada. ¿Cómo es que nos tutea y nos llama tíos?
Carmen: ¡Paco! Por favor olvida que has sido profesor de ética y protocolo. Siempre me estás prometiendo que no tomarás en serio lo que oigas. Sea lo que sea. Los tiempos han cambiado y tú debes de adaptarte a ellos o volver a nuestra casita en el pueblo cántabro.
Paco: Eso quisiera. Pero soy de los de genio y figura hasta la sepultura. Hay cosas que aún me sublevan. La culpa la tienen estos maestros de ahora que ya desde el parvulario incitan a los niños a que les tuteen.
Carmen: Puede que tengas razón. Pero nosotros no lo vamos a arreglar. A mí, el que me tutee la gente de esta generación, me hace sentirme mas joven.
Paco: Ya lo sé. Si a mí el tuteo del más joven al más viejo, o del obrero al director general de la empresa, no me parece del todo mal. Pero eso de llamarnos tíos... a mí que me han tratado de usted y llamado señor muchos ministros, varios presidentes de gobierno, generales y… ¡hasta miembros de varias casas reales! ... me hace sentirme un poco extraño el que una jovencita, de la que además somos sus clientes, y podríamos ser sus abuelos, me trate de tío y que a otro cliente, por muy joven que sea, le llame chorbo.
Carmen: Ten en cuenta que esta pobre chica no ha tenido la suerte de asistir a tus clases y habrá venido directamente de la E.G.B. a este trabajo. Además el tratamiento va evolucionando. Es como el idioma. Acuérdate del cabreo que cogiste cuando La Real Academia de la Lengua aprobó la palabra gilipolla. Te tiraste dos días en cama.
Paco: No me lo recuerdes. Bueno, esta chica, al fin y al cabo, tiene disculpa. Pero, ¿y los licenciados y doctorados? Siguen el mismo camino. Además del tuteo no saben comportarse en situaciones donde se exige un poco de protocolo. Acuérdate de lo que le ocurrió a aquel joven ingeniero que contrató una empresa estadounidense cuando le presentaron a la esposa del presidente de la compañía.
Carmen: Bueno, pero aquello, en el fondo, le sirvió al chico para escalar puestos en la compañía.
Paco: Porque la señora era como era. Que si no... ¡vamos que no dura en la empresa ni un día!
Carmen: Pero el chico también pasó un mal trago. No sabía si debía estrecharle la mano, besársela, hacer una genuflexión o una reverencia...
Paco: Pero hizo lo peor ¡Le pegó un cachete en el culo! Menos mal que el marido no lo advirtió.
Carmen: Y gracias al cachete, al despiste del marido y a lo que vino después, hoy es consejero de la firma y está muy bien considerado.
(La dependienta despide al joven y se acerca a ellos)
Dependienta: ¡Hola tíos! Ya estoy con vosotros ¡Ah! ¿Como os llamáis?
Paco: Yo soy Francisco y ella es Carmen, mi mujer.
Dependienta: ¡Hola Paco! ¡Hola Carmen! Yo soy Pirula. Lo he dicho antes ¿verdad? ¿Qué os trae de bueno por aquí?
Carmen: Verá usted señorita Pirula, mi marido y yo vamos a pasar unos días fuera y no tenemos la ropa adecuada. Quisiera ver un pantalón y una chaqueta de verano para él.
Paco: Tejido de algodón, colores claros y diseño clásico.
Dependienta: Paco. Tengo exactamente lo que buscas. Te lo traigo y te lo pruebas.
(Se acerca a unas perchas y saca un montón de ropa completamente arrugada. Se lo entrega a Paco)
Dependienta: Pasa a este probador Paco. Cuando salgas no te va a conocer ni la madre que te parió. Avísame cuando te hayas cambiado tío.
(Desaparece por una puerta)
Carmen: ¡Paco! ¿Estás oyendo a esta chica?
Paco: La oigo, Carmen. La oigo. ¿No será esto la evolución del tratamiento de que me hablabas antes?
Carmen: ¡¡Qué evolución... ni que narices!! Esto es un claro retroceso. A este paso... ¿a dónde vamos a parar?
Paco: Calma, Carmen, calma. Voy a probarme esto y salimos de aquí en seguida.
(Entra en el probador y está unos minutos mientras Carmen ojea lo expuesto. Sale Paco con un pantalón tan ancho como el de un gaucho a rayas verdes y rojas. Una chaqueta tan corta como un chaleco y tan estrecha como la taleguilla de un torero y en colores naranja y azul)
Carmen: (Cuando se da cuenta de que es su marido)¡¡¡Aaaah!!! ¿Qué es esto? ¡¡Paco!! ¿Qué te has puesto?
Paco: No sé. No hay luz en el probador.
Carmen: Entra otra vez. ¡Rápido! ¡Qué no te vea nadie! ¡Dios mío!
(Entra la dependienta y se dirige hacia Paco con la mayor normalidad antes de que vuelva a entrar en el probador)
Dependienta: Paco, ¡te para de puta madre! Las tías se van a tirar a tu paso. Vaya tipazo que tienes tío. Endereza la espalda (le da unos golpecitos en ella) y pareces Harrison Ford.
Carmen: (Reponiéndose del impacto sufrido) Verá usted señorita, los tonos no nos parecen los mas adecuados para el ambiente que hay en esta época del año en Santander. Si fuera Benidorm... bueno, quizás...lo pensaríamos. Pero comprenda usted que Santander es una capital de provincia y no están allí preparados para estos tonos de color. Están todavía un poco anticuados.
Paco: (Tratando de utilizar toda su diplomacia) Además el pantalón me parece un poco ancho.
Dependienta: Ah, pillín. Que a ti lo que te gusta es marcar paquete. Ya decía yo, vaya, vaya con Paco. Venga coge otro del montón que te he dejado dentro y pruébatelo.
Carmen: ¡¡Paco!! ¿De dónde ha salido esta chica? A mí me da algo. (Se abanica con un folleto encontrado encima de un mostrador)
Paco: Carmen, tranquilízate. Piensa en tu azúcar, en la tensión, en el colesterol. Tranquila, Carmen, tranquila. Hemos conocido gente peor.
Carmen: Sí, pero siempre en países que estaban en guerra.
(Se mete otra vez en el probador)
Dependienta: Si este que se va a probar no te gusta es porque ya estás en la menopausia, tía He visto a mujeres correrse de gusto cuando han visto a sus maridos con esta ropa.
Carmen: (Se deja caer en un sillón. Se abanica unos segundos y suelta una especie de resuello) Aaaauuuh....(Queda inconsciente)
Paco: (Saliendo del probador con la ropa que entró a la tienda. Ve a su mujer desmayada y va corriendo hacia ella) ¡¡Carmen!! ¿Qué te ocurre? ¡¡Carmen!! ¡¡Carmen!!
Carmen:(Moviendo ligeramente la cabeza. Da un pequeño suspiro y habla con voz trémula) Paa...coo. Saa..caa...mee dee aquííí .
Paco: ¡Carmen! ¿Qué te pasa...? ¿Una subida de azúcar? ¿Una subida de tensión? ... ¿Qué es?
Carmen: (Con voz un poco más audible) No, Paco... no ha subido la tensión... no ha subido el azúcar...no ha subido el colesterol...¡¡Han bajado los buenos modales y el buen gusto!!

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