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Lo que viene a continuación ocurrió hace años en una fábrica de calzado de la vecina localidad de Elche. Un amigo mío trabajaba en aquél tiempo en esa empresa y fue testigo de ello.
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Un miércoles por la mañana, al regresar de un viaje, el empresario encuentra el comité de empresa reunido en pleno. La reunión fue convocada con carácter urgente debido a un “grave hecho que necesitaba aclaración inmediata para depurar responsabilidades” De esta forma tan inquietante rezaba la nota que se había colgado en el tablón de anuncios.
El empresario, temiéndose que algo grave había ocurrido en los dos días que había estado ausente, se encaminó a la sala de reuniones.
Allí pudo observar que estaba teniendo lugar una enconada discusión. Los nervios de los asistentes, doce en total, estaban totalmente descontrolados, todos gritaban y nadie razonaba. El empresario decide sentarse en un rincón y observar en silencio.
El delegado de un sindicato de izquierdas decía en aquél momento:
“No hay derecho a que estos atentados de signo fascista ocurran en una empresa que tan democráticamente está siendo asesorada por mi sindicato ¿Ha dudado alguien, ni una sola vez, de mis buenas intenciones? ¿No es verdad que me desvivo asistiendo a todas las reuniones que tienen lugar fuera de la empresa? Bien es cierto que cobro el sueldo como si trabajara, además de las primas de mi sindicato, dietas, comisiones por las gestiones que sabiamente realizo y, a pesar de todos mis esfuerzos, ahora me enfrento con este hecho que nos deshonra”
El delegado de otro sindicato más de izquierdas que el anterior le replica:
“Tú lo que eres es un caradura. La semana pasada alegaste que te ibas de reunión y todo el mundo supo después que te fuiste antes de hora con el fin de poner ver tranquilamente el partido del Barça en la tele. ¡Pues no te conocemos nosotros a ti!”
“Y ¿qué?” Le responde el delegado de izquierdas. “Para eso he sacado el 65,4% de los votos de esta empresa en las últimas elecciones sindicales. Además, tú eres un embustero. No me fui para ver al Barça, me fui para ver al Madrid ¿Pasa algo?”
Otro delegado, de un sindicato diferente, trata de poner paz entre los asistentes:
“Señores, por favor. No nos vayamos por las ramas y no olvidemos el motivo principal de esta reunión”
“Eso”, dice otro delegado de otro sindicato distinto. “Siempre nos ocurre lo mismo. El motivo principal de la reunión se olvida y nos ponemos a hablar de tonterías”
“Las tonterías las dirás tú que perteneces a un sindicato de derechas, de chulos, de ricos y de maricas. No tienes ni derecho a hablar. Sólo has sacado el 5% de los votos. Si estás aquí es porque nosotros somos unos demócratas de toda la vida y te lo permitimos. Cállate y habla cuando se te autorice”
Un delegado, de otro sindicato distinto, se atreve a hablar:
“Estoy en desacuerdo con la decisión que se está pensando adoptar. No me parece justo que el daño causado por un individuo lo pague la totalidad de la plantilla. Creo que sería más apropiado encontrar al culpable y darle su justo castigo”
Otro delegado:
“Claro. Como si fuera fácil ponerse a buscar el culpable. No saldría nunca. Acordaros de lo de última vez, aún no sabemos quién fue. Y eso que aquella vez no era tan grave como ahora.
Al oír esto último el empresario empieza a inquietarse:
“¿Qué habrá pasado en los dos días que he estado fuera?” se pregunta.
La reunión continúa.
Un delegado de otro sindicato opuesto hace una propuesta:
“Pues yo estoy de acuerdo con que se pague entre todos el daño que se ha ocasionado”
“¡Si hombre! No hay mejor forma de sentar un precedente. Pagas una vez y ya pagas todas ¡Ni hablar! ¡Olvídate de eso! Tú debes ser comunista ¿verdad?
“No, no lo soy”
“Pues entonces eres gilipolla. Lo último es pagar; pero aquí no figura ni siquiera en ese lugar”
Otro, da su opinión:
“¿Qué os parece si consultamos a los de “Calzados Pies Planos”? El año pasado les ocurrió algo semejante”
“Si, claro. Vamos por ahí diciendo lo que nos pasa a nosotros… aireando nuestros trapos sucios. Van a creerse que no somos capaces de arreglar nuestros propios problemas. Cállate y no digas más tonterías”
Un delegado que no había hablado hasta ese momento, levanta la mano tímidamente con el fin de que se le oiga:
“¿Qué os parece si llamamos a un economista de prestigio para que valore el resultado financiero de la decisión que vamos a tomar?”
Al llegar aquí, y después de calcular mentalmente el sueldo de un economista, el empresario decide intervenir.
“¡Señores! Permítanme que tome parte en su reunión, pues al parecer van a efectuar ustedes unas contrataciones que, como siempre, tendré que pagar yo. Antes que nada, díganme ¿Qué es lo que ha ocurrido que merezca que ustedes lleven ya reunidos cuatro horas para solucionarlo?”
“Pues, verá usted D. Antonio” -le dice un delegado- “El asunto es complejo, pero trataré de simplificarlo para que usted lo entienda y no se haga un lío”.
“Gracias por tu ayuda. Continua, por favor”
“Como le decía, el viernes, cuando nos fuimos, estaba en su sitio. Allí llevaba varios años sin que nadie le tomara manía. Pero el lunes, cuando entramos por la mañana, estaba tendido en el suelo y todo el líquido que contenía estaba esparcido a su alrededor. Un desastre, D. Antonio”
El empresario, ya no puede resistirlo más:
“Por favor, decídmelo ya… ¿Qué máquina se ha roto? ¿Cuántas horas de producción se han perdido? Contestad pronto. Esto es angustioso”
“D. Antonio, tranquilo, y escuche. No se ha parado la producción, ni se ha roto ninguna máquina. Lo que ocurre es que el lunes nos encontramos roto el botijo y esto nunca había pasado anteriormente. En esta empresa seremos lo que sea, pero rompe-botijos… no. ¡Eso faltaba! ¡Con lo fresca que mantenía el agua ese botijo!”
Y una preguntita… ¿Llevan ustedes mucho tiempo reunidos para solucionar este asunto?
“Bueno, llevamos todo el lunes, el martes y lo que va de hoy. Poco tiempo como ve para solucionar un asunto tan importante como el que nos ocupa”
El empresario llama por el teléfono interno al contable y cuando este llega le dice:
“Manolo, dale a estos delegados mil pesetas y que se compren todos lo botijos que quieran y avisa al encargado para que todo el mundo este en su puesto antes de cinco minutos” A partir de ahora cuando se rompa un botijo me avisas.
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Un miércoles por la mañana, al regresar de un viaje, el empresario encuentra el comité de empresa reunido en pleno. La reunión fue convocada con carácter urgente debido a un “grave hecho que necesitaba aclaración inmediata para depurar responsabilidades” De esta forma tan inquietante rezaba la nota que se había colgado en el tablón de anuncios.
El empresario, temiéndose que algo grave había ocurrido en los dos días que había estado ausente, se encaminó a la sala de reuniones.
Allí pudo observar que estaba teniendo lugar una enconada discusión. Los nervios de los asistentes, doce en total, estaban totalmente descontrolados, todos gritaban y nadie razonaba. El empresario decide sentarse en un rincón y observar en silencio.
El delegado de un sindicato de izquierdas decía en aquél momento:
“No hay derecho a que estos atentados de signo fascista ocurran en una empresa que tan democráticamente está siendo asesorada por mi sindicato ¿Ha dudado alguien, ni una sola vez, de mis buenas intenciones? ¿No es verdad que me desvivo asistiendo a todas las reuniones que tienen lugar fuera de la empresa? Bien es cierto que cobro el sueldo como si trabajara, además de las primas de mi sindicato, dietas, comisiones por las gestiones que sabiamente realizo y, a pesar de todos mis esfuerzos, ahora me enfrento con este hecho que nos deshonra”
El delegado de otro sindicato más de izquierdas que el anterior le replica:
“Tú lo que eres es un caradura. La semana pasada alegaste que te ibas de reunión y todo el mundo supo después que te fuiste antes de hora con el fin de poner ver tranquilamente el partido del Barça en la tele. ¡Pues no te conocemos nosotros a ti!”
“Y ¿qué?” Le responde el delegado de izquierdas. “Para eso he sacado el 65,4% de los votos de esta empresa en las últimas elecciones sindicales. Además, tú eres un embustero. No me fui para ver al Barça, me fui para ver al Madrid ¿Pasa algo?”
Otro delegado, de un sindicato diferente, trata de poner paz entre los asistentes:
“Señores, por favor. No nos vayamos por las ramas y no olvidemos el motivo principal de esta reunión”
“Eso”, dice otro delegado de otro sindicato distinto. “Siempre nos ocurre lo mismo. El motivo principal de la reunión se olvida y nos ponemos a hablar de tonterías”
“Las tonterías las dirás tú que perteneces a un sindicato de derechas, de chulos, de ricos y de maricas. No tienes ni derecho a hablar. Sólo has sacado el 5% de los votos. Si estás aquí es porque nosotros somos unos demócratas de toda la vida y te lo permitimos. Cállate y habla cuando se te autorice”
Un delegado, de otro sindicato distinto, se atreve a hablar:
“Estoy en desacuerdo con la decisión que se está pensando adoptar. No me parece justo que el daño causado por un individuo lo pague la totalidad de la plantilla. Creo que sería más apropiado encontrar al culpable y darle su justo castigo”
Otro delegado:
“Claro. Como si fuera fácil ponerse a buscar el culpable. No saldría nunca. Acordaros de lo de última vez, aún no sabemos quién fue. Y eso que aquella vez no era tan grave como ahora.
Al oír esto último el empresario empieza a inquietarse:
“¿Qué habrá pasado en los dos días que he estado fuera?” se pregunta.
La reunión continúa.
Un delegado de otro sindicato opuesto hace una propuesta:
“Pues yo estoy de acuerdo con que se pague entre todos el daño que se ha ocasionado”
“¡Si hombre! No hay mejor forma de sentar un precedente. Pagas una vez y ya pagas todas ¡Ni hablar! ¡Olvídate de eso! Tú debes ser comunista ¿verdad?
“No, no lo soy”
“Pues entonces eres gilipolla. Lo último es pagar; pero aquí no figura ni siquiera en ese lugar”
Otro, da su opinión:
“¿Qué os parece si consultamos a los de “Calzados Pies Planos”? El año pasado les ocurrió algo semejante”
“Si, claro. Vamos por ahí diciendo lo que nos pasa a nosotros… aireando nuestros trapos sucios. Van a creerse que no somos capaces de arreglar nuestros propios problemas. Cállate y no digas más tonterías”
Un delegado que no había hablado hasta ese momento, levanta la mano tímidamente con el fin de que se le oiga:
“¿Qué os parece si llamamos a un economista de prestigio para que valore el resultado financiero de la decisión que vamos a tomar?”
Al llegar aquí, y después de calcular mentalmente el sueldo de un economista, el empresario decide intervenir.
“¡Señores! Permítanme que tome parte en su reunión, pues al parecer van a efectuar ustedes unas contrataciones que, como siempre, tendré que pagar yo. Antes que nada, díganme ¿Qué es lo que ha ocurrido que merezca que ustedes lleven ya reunidos cuatro horas para solucionarlo?”
“Pues, verá usted D. Antonio” -le dice un delegado- “El asunto es complejo, pero trataré de simplificarlo para que usted lo entienda y no se haga un lío”.
“Gracias por tu ayuda. Continua, por favor”
“Como le decía, el viernes, cuando nos fuimos, estaba en su sitio. Allí llevaba varios años sin que nadie le tomara manía. Pero el lunes, cuando entramos por la mañana, estaba tendido en el suelo y todo el líquido que contenía estaba esparcido a su alrededor. Un desastre, D. Antonio”
El empresario, ya no puede resistirlo más:
“Por favor, decídmelo ya… ¿Qué máquina se ha roto? ¿Cuántas horas de producción se han perdido? Contestad pronto. Esto es angustioso”
“D. Antonio, tranquilo, y escuche. No se ha parado la producción, ni se ha roto ninguna máquina. Lo que ocurre es que el lunes nos encontramos roto el botijo y esto nunca había pasado anteriormente. En esta empresa seremos lo que sea, pero rompe-botijos… no. ¡Eso faltaba! ¡Con lo fresca que mantenía el agua ese botijo!”
Y una preguntita… ¿Llevan ustedes mucho tiempo reunidos para solucionar este asunto?
“Bueno, llevamos todo el lunes, el martes y lo que va de hoy. Poco tiempo como ve para solucionar un asunto tan importante como el que nos ocupa”
El empresario llama por el teléfono interno al contable y cuando este llega le dice:
“Manolo, dale a estos delegados mil pesetas y que se compren todos lo botijos que quieran y avisa al encargado para que todo el mundo este en su puesto antes de cinco minutos” A partir de ahora cuando se rompa un botijo me avisas.

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