
PROCREACIÓN
Después de una de sus primeras clases de educación sexual, a un niño de seis años se le asignó en la escuela un trabajo sobre la procreación humana. Para ello debía preguntar en casa.
Su primera pregunta fue dirigida a la madre: “Mamá, ¿como nací yo?”
La madre, que no se esperaba esta pregunta a tan temprana edad de su hijo, quedó confusa, además sentía un poco de temor de hablar con su hijo de estos temas. Así que le respondió: “A ti te trajo la cigüeña”.
“Bueno, continuó el niño, ¿Y papá y tú como nacisteis?
“También nos trajo la cigüeña” respondió la madre.
“Y los abuelitos ¿Cómo nacieron?
“También los trajo la cigüeña” volvió a contestar la madre.
Al día siguiente, en la escuela, cuando la maestra le preguntó por el trabajo, el niño, todo rojo de vergüenza, le contestó: “No lo he podido hacer, al parecer en mi familia mantienen relaciones sexuales con las cigüeñas; por lo menos durante las tres últimas generaciones.
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Después de una de sus primeras clases de educación sexual, a un niño de seis años se le asignó en la escuela un trabajo sobre la procreación humana. Para ello debía preguntar en casa.
Su primera pregunta fue dirigida a la madre: “Mamá, ¿como nací yo?”
La madre, que no se esperaba esta pregunta a tan temprana edad de su hijo, quedó confusa, además sentía un poco de temor de hablar con su hijo de estos temas. Así que le respondió: “A ti te trajo la cigüeña”.
“Bueno, continuó el niño, ¿Y papá y tú como nacisteis?
“También nos trajo la cigüeña” respondió la madre.
“Y los abuelitos ¿Cómo nacieron?
“También los trajo la cigüeña” volvió a contestar la madre.
Al día siguiente, en la escuela, cuando la maestra le preguntó por el trabajo, el niño, todo rojo de vergüenza, le contestó: “No lo he podido hacer, al parecer en mi familia mantienen relaciones sexuales con las cigüeñas; por lo menos durante las tres últimas generaciones.
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