domingo, diciembre 09, 2007

CONSULTA PRIVADA


Escena: Consulta de un médico privado. Muebles clásicos. Sillones cómodos. Enorme mesa de despacho vacía de papeles. Camilla. Armario con algunos instrumentos con señal de no haberse usado desde hace mucho tiempo. Música ambiental muy suave. Aire acondicionado. El médico sentado detrás de la mesa de despacho. Se abre la puerta y una enfermera introduce al paciente. Es éste un hombre de edad media. Aspecto jovial. Un poco hipocondríaco.

Paciente: (Entrando) Buenos días.
Médico: (Poniéndose de pie) Buenos días. Son cien euros y los análisis aparte.
Paciente: (Extrañado) ¡Pero si aún no le he dicho nada!
Médico: Perdón, perdón… No me había dado cuenta... Pero es que se me pegó de mi santa madre. Cuando le preguntaban algo, siempre contestaba: mil quinientas y la cama. Siéntese por favor.
Paciente: Gracias.
Médico: Dígame, ¿qué le ocurre?
Paciente: Verá. De repente me ha dado un fuerte dolor en el pecho, en el lado izquierdo.
Médico: (Poniéndose de pie) Vamos a ver…. Quítese la camisa… Tosa varias veces…¿Le duele?
Paciente: Horriblemente. No puedo soportar el dolor.
Médico: Ahora respire fuerte y hondo varias veces. ¿Le duele?
Paciente: Mucho más. Es un dolor angustioso.
Médico: ¿Siente ese dolor también en el brazo izquierdo?
Paciente: Sí. Es el mismo tipo de dolor.
Médico: (Sentándose) No hay duda.
Paciente: (Angustiado) ¿Infarto?
Médico: (Seguro) ¡Flato!
Paciente: ¿Pero?… ¿Cómo?… ¿Flato? ...Esto es un infarto de tomo y lomo ¿Que hace usted que no llama a una ambulancia urgentemente? ¡Vamos!
Médico: Calma. Calma. Eso no es nada. Eso se pasa con unas pastillas para los nervios y tranquilidad, mucha tranquilidad.
Paciente: ¡Tranquilidad! ¡Tranquilidad! ¡Qué fácil es decir eso! ¡Si estuviera usted en mi lugar…!
Médico: ¿Sabe lo que le vendría bien?
Paciente: Diga, diga.
Médico: ¡Una visita al psicólogo!
Paciente: ¿Al psicólogo? … ¿Por tener flato? … Vamos, eso es lo que dice usted… Pero yo tengo un infarto de padre y muy señor mío.
Médico: Verá. Le voy a ser franco. Yo antes siempre les decía a los pacientes como usted, esos que deben de tener algo pero no tienes ni idea de lo que pueda ser, que les convenía un cambio de aires, y los enviaba a un hotelito en la sierra. A cambio el dueño del hotel me daba una pequeña comisión. Nada. Un gesto de agradecimiento más que otra cosa. Cinco mil pesetas por persona y día. Yo la aceptaba por no desairarlo.
Paciente: Entiendo.
Médico: Pero desde que el marido de mi hija terminó la carrera de psicología se los envío todos a él. Como es de la familia sólo le acepto el cincuenta por ciento de comisión. Faltaría más. Además un psicólogo da más confianza al paciente.
Paciente: Y… ¿Cree usted que con un tratamiento psicológico se me pasaría este dolor en el pecho?
Médico: ¡Y yo que sé! ¡A ver si es usted de los que piensan que la medicina es una ciencia exacta! Si se pasa, bien; si no, ahí tenemos Fátima, Lourdes la Virgen del Prado, San Pascual…Tenemos muchos recursos ¡La medicina actual tiene remedios para todo, caballero! ¿Acaso no ve usted la televisión? El mapa del genoma humano ya está completado ¡Todo! ¡Lo sabemos absolutamente todo!
Paciente: ¿Y también lo curan todo?
Médico: ¡Coño! ¡Que puñetero es usted! Bastante hacemos con saber lo que tienen los pacientes ¡Solo faltaba que además los curásemos! ¿De que íbamos a vivir?
Paciente: No sé. Yo pensaba que el Juramento Hipocrático aún estaba en vigor.
Médico: ¡Sí hombre! ¡Nos ha “jodido” aquí el tío éste! Y las diligencias para viajar, y la pluma de ave para escribir, y las señales de humo para enviar mensajes…Oiga… ¿De dónde sale usted? Venga, tome el nombre del psicólogo y esté aquí de nuevo esta tarde, a las seis.
Paciente: ¿Aquí? ¿Para qué?
Médico: Para que le vea mi yerno, el psicólogo. Verá, como ha acabado la carrera hace poco le dejo mi despacho por la tarde para que vaya practicando.
Paciente: Y por eso lo del cincuenta por ciento.
Médico: Hombre, claro. Soy su suegro, no su primo.
Paciente: Usted lo tiene todo controlado, ¿eh?
Médico: Y usted tranquilo. Si no se pasa con el psicólogo venga otra vez por aquí y le mandaré hacer unos análisis completísimos. De esos que se tienen que enviar a hacer fuera y cuestan quinientos euros. Aunque no soy partidario de los análisis… Sólo me dan el veinticinco por ciento de comisión.
Paciente: ¿Sólo el veinticinco? … Un robo, oiga ¿Y si no sale nada en los análisis?
Médico: Hombre… En ese caso… ¡Le envío a que le hagan una resonancia nuclear magnética!
Paciente: ¡Hostia! ¿Qué es eso?
Médico: No lo tengo muy claro. Pero los pacientes se ponen contentísimos cuando los envío a que les hagan una. Como te dan el resultado por escrito no te comprometes a nada. Cuando el paciente te trae las placas las miras un poco al trasluz, haciendo que sabes lo que ves y… ¡Ya está! Además me dan el cincuenta por ciento.
Paciente: Eso ya es más razonable. Usted si que sabe doctor. A las seis estaré aquí. Buenas tardes.
Médico: Buenas tardes. La enfermera le cobrará. Yo no puedo ver el vil metal. Mi vocación de médico no me permite mezclar enfermos y dinero. Páguele en metálico, por favor, los cheques y las tarjetas dejan rastros para los de hacienda y ellos no entienden mi profesión. Yo soy como un misionero al servicio de Dios.

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