
He acabado de leer un libro que recomiendo a todo el mundo. Su título “LA CIUDAD DE LA ALEGRÍA”. Su autor: Dominique Lapierre. Editorial: Seix Barral. Edición: Booket.
De este libro se han vendido más de treinta y dos millones de ejemplares en todo el mundo y ha sido traducido a treinta y un idiomas; incluso se ha hecho una película basada en él.
Trata sobre la vida diaria de los mas pobres habitantes de Calcuta; de aquellos que viven en barrios donde no tienen agua corriente, ni electricidad, con las alcantarillas abiertas a flor de calle, en habitaciones minúsculas donde en seis metros cuadrados viven, o mejor, malviven, ocho o diez personas, haciendo lo que ellos llaman poéticamente “la llamada de la naturaleza” y nosotros “sus necesidades”, a primeras horas de la mañana en letrinas inmundas que se desbordan y cubren las calles con la llegada de los primeros monzones.
Esto lo digo para dar una idea del nivel socio-cultural del país.
Pues bien, en el capítulo 13 del libro, páginas 83 y 84, uno de los protagonistas, acompañado por un amigo, lleva a un herido a un hospital público. Lo que allí les ocurre lo copio a continuación:
“Los dos hombres tendieron al coolie en una camilla aún manchada de sangre del enfermo precedente. Allí reinaba un olor intensísimo a desinfectantes, pero sin duda lo más llamativo era la profusión de inscripciones políticas que adornaban las paredes. Todas las opiniones se mezclaban en un verdadero delirio gráfico, banderas rojas, hoces y martillos, retratos de Indira Gandhi, eslogans. La sorpresa del campesino bengalí hizo sonreír a su paisano del rickshaw: Ya ves, aquí hasta cuando te llevan a hacerte pedazos, te recuerdan que hay que votar por ellos”.
Yo no se si algunos de los que esto leen ha tenido alguna vez la oportunidad de acudir al Hospital General de Elche a que le hagan una radiografía. Yo si que he estado allí recientemente, y puedo asegurarles que el ancho pasillo donde esperan los enfermos a que les hagan una radiografía, está tan profusamente decorado con panfletos de distintos partidos políticos y sindicatos que me hizo recordar el pasaje de este maravilloso libro.
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