
Joaquín Maciá y José Pérez Mas esparciedo las cenizas de Guchi en la cumbre de El Pichaco
(Foto: Vicente Fuentes)
A GUCHI
Dondequiera que esté
Cuando un amigo se va
Dondequiera que esté
Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.
(Alberto Cortez)
Sólo cuando un amigo se va podemos recordar estos versos y comprobar su veracidad.
(Alberto Cortez)
Sólo cuando un amigo se va podemos recordar estos versos y comprobar su veracidad.
Mi amistad con Guchi se acrecentó en los últimos años de su vida. Fue cuando yo lo conocí más a fondo. Cuando pude comprobar la enorme humanidad que desprendía. Cuando me enteré de la dramática niñez que le toco vivir. De la dura adolescencia, sólo mitigada por su amor a la montaña y sus amigos. De los compañeros que encontró durante su servicio militar en Madrid que le hicieron descubrir el mundo la poesía y cuya amistad ha cultivado hasta el fin de sus días. De su enorme afición a los toros. De los grandes amigos que tenía en toda España y muy especialmente dentro del mundo de la tauromaquia (su casa es un museo taurino) Del gran amor que siempre demostró por Conchi, su mujer, y por sus hijos Alex y Sole.
Podría decir mucho de él De sus incontables anécdotas De sus travesías de montaña De las agradables tertulias los viernes por la noche en su casa, siempre abierta para todos y que ha hospedado a muchos de los personajes que lo visitaban. Sin embargo, sólo quiero decir que siempre lo recordaré como una persona que supo vivir la vida que le tocó apurándola hasta el fin, que ni en las horas donde el dolor hizo insoportable su existencia, perdió su personal sentido del humor.
En el acto de esparcir sus cenizas desde la cumbre de “El Picacho” fue cuando todos tuvimos la sensación de que Guchi había vuelto, por fin, a su casa de siempre: la montaña.
***

1 comentario:
gran pérdida para los que lo conocían.
Publicar un comentario